La inteligencia artificial está transformando la forma en que trabajan los despachos de abogados y plantea nuevas preguntas sobre el papel del jurista en un entorno cada vez más tecnológico. Sobre estos retos reflexiona Santiago Mediano, presidente de la sección de Robótica, Inteligencia Artificial y Realidad Virtual y Aumentada del ICAM y socio fundador de Santiago Mediano Abogados, en una entrevista publicada recientemente en LawyerPress.
A lo largo de la conversación, Mediano aborda cuestiones clave para la profesión jurídica: desde el uso adecuado de las herramientas de inteligencia artificial hasta los desafíos éticos y regulatorios que plantea su rápida evolución.
En relación con el uso de estas tecnologías en los despachos, Mediano subraya la importancia de entender que la IA no sustituye al abogado, sino que debe utilizarse como una herramienta de apoyo que permita liberar tiempo para las tareas de mayor valor añadido.
“La IA no es un sustituto del abogado, sino como un asistente que nos libera de tareas repetitivas y de bajo valor añadido para que podamos centrarnos en lo que realmente importa: el criterio jurídico, la estrategia y la relación con el cliente”, afirma.
Durante la entrevista también destaca la relevancia de seleccionar adecuadamente las herramientas tecnológicas, prestando especial atención a aspectos como la confidencialidad de los datos, la trazabilidad de las fuentes jurídicas y el cumplimiento de los principios deontológicos de la profesión.
En este sentido, recuerda que la responsabilidad última siempre recae en el profesional: “Debemos partir de que el respeto y cumplimiento de los principios deontológicos de nuestra profesión es una obligación de los profesionales. No es la IA la que ha de atenerse a ellos, sino los propios abogados”.
Mediano señala además que el impacto de la inteligencia artificial no se limita al ámbito operativo de los despachos, sino que forma parte de una transformación tecnológica mucho más amplia que obliga a reflexionar sobre su desarrollo y regulación.
En su opinión, el futuro de la abogacía no pasa por elegir entre tecnología o criterio jurídico, sino por integrar ambas dimensiones de forma inteligente. “El futuro de la abogacía no es sin IA, pero tampoco es sin abogados. Es un futuro de colaboración inteligente entre la capacidad de procesamiento de las máquinas y la sabiduría, ética y criterio humano”, añade